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Caso Judicial

No habrá segundo juicio “Eternit bis” (29 Nov 2016)

Comunicado de prensa
29 de Noviembre de 2016

 

No habrá segundo juicio ‘Eternit bis’
Sin embargo, contrariamente a lo que indica la ley, se abrió un proceso en Turín por los casos de homicidio por negligencia de dos ex trabajadores de Eternit.

 

29 Noviembre 2016 – La sentencia sobre las acusaciones de “Eternit bis” fue presentada hoy en una audiencia preliminar. El juez decidió no permitir un segundo juicio completo contra Stephan Schmidheiny por 256 casos, según la acusación del fiscal.

En cambio, el proceso judicial que comenzará el 14 de junio de 2017 en Turín, será para abordar la acusación de homicidio por negligencia referidos a dos ex trabajadores de Eternit.
En opinión de la Corte, los otros casos han prescrito o no están bajo la autoridad de la Corte de Turín. Aunque el juez ha aceptado muchos de los argumentos de la defensa, la decisión de permitir que continúen estos nuevos procesos judiciales contra Stephan Schmidheiny es claramente contraria a la ley. La defensa seguirá refutando esta violación del principio non bis in ídem (ser juzgado dos veces por la misma causa) a través de todos los tribunales.

A pesar de que la Suprema Corte de Italia (Corte Suprema di Cassazione), absolvió a Stephan Schmidheiny en el primer caso de Eternit el 19 de noviembre de 2014, ahora enfrenta un segundo juicio por el mismo asunto. Esta nueva acusación de que Stephan Schmidheiny causó el homicidio por negligencia de dos empleados de las fábricas de Eternit es insostenible. Bajo el liderazgo de Stephan Schmidheiny, el Grupo Suizo Eternit (SEG) permitió al italiano Eternit SpA realizar enormes inversiones para mejorar la seguridad laboral, logrando que las fábricas italianas de Eternit cumplieran con los estándares de seguridad aplicables internacionalmente. El meticuloso enfoque de Stephan Schmidheiny en la industria evitó que muchas personas contrajeran enfermedades relacionadas con el asbesto. Por el contrario, el Estado italiano no reguló el manejo del asbesto durante el período en cuestión, y sólo instituyó regulaciones básicas para proteger a los empleados años más tarde, bajo presión de la Unión Europea.

En los cargos del juicio Eternit bis, la Fiscalía de Turín acusó a Stephan Schmidheiny de causar la muerte de 258 individuos de forma continua e intencional. Las audiencias preliminares, que comenzaron en mayo de 2015 y que ya han terminado, examinaron los requisitos formales para efectuar un segundo juicio. El juez concluyó que la acusación de la Fiscalía de que Stephan Schmidheiny actuó intencionalmente no tiene fundamento. La Corte considera que la acusación debe ser por negligencia y, desde esta calificación, más de 100 acusaciones han prescrito. El juez también sostuvo la mayoría de las objeciones planteadas por la defensa con respecto a falta de autoridad de la corte de Turín en este asunto. Las oficinas de la Fiscalía en Vercelli, Reggio, Emilia y Nápoles tienen competencia legal con respecto a la mayoría de los casos, por lo que serán transferidos a esas oficinas.

No cabe duda de que el primer juicio ya brindó una resolución judicial definitiva sobre la conducta por la cual Stephan Schmidheiny es ahora acusado en un segundo proceso en Turín. En el primer juicio de Eternit, el Tribunal de Apelación de Turín condenó de facto a Stephan Schmidheiny de haber deliberada e intencionalmente causado una masacre en las fábricas de Eternit en Italia y que, por lo tanto, es responsable por miles de víctimas que han muerto o padecen enfermedades relacionadas con el asbesto. El Tribunal comparó su comportamiento con la Conferencia de Wannsee, en la cual oficiales nazis decidieron sobre la situación judía. Por lo tanto, como tribunal de segunda instancia, el Tribunal de Apelación de Turín aumentó la condena a 18 años de prisión, conforme a la sentencia por el delito de causar una masacre (‘strage’ en italiano), en virtud del Artículo 422 del Código Penal italiano, que define una masacre como la matanza de un gran número de personas mientras se arriesga la seguridad pública. El delito de causar una masacre, por ende, incluye el delito de homicidio por negligencia.

 

Programa humanitario para las víctimas se mantendrá por el momento

Con base en sus creencias empresariales y filantrópicas, Stephan Schmidheiny ha cuidado de las víctimas de la catástrofe por asbesto en Italia durante años. Desde 2008, ha estado ofreciendo compensación a ex empleados y residentes de las áreas circundantes a las fábricas de Eternit, quienes han sido afectados por enfermedades relacionadas con el asbesto. En aras de proporcionar ayuda sin burocracia a los afectados, la oferta está disponible a través de la página web www.offerta-eternit.it. A la fecha, más de 1.800 personas han aceptado la oferta, y más de 50 millones de francos suizos se han pagado en compensación. A pesar del nuevo proceso penal, Stephan Schmidheiny mantendrá este programa en beneficio de las víctimas de esta tragedia social.

 

Datos sobre Eternit SpA italiano

Stephan Schmidheiny es visto en todo el mundo como pionero en el manejo de riesgos relacionados con el asbesto. Bajo su liderazgo, el Grupo Suizo Eternit (SEG) realizó enormes inversiones en seguridad laboral y mejoramiento de instalaciones de producción, con miras a proteger la salud y seguridad de sus empleados. Es un hecho (que no fue disputado en el primer juicio) que, durante el “periodo suizo” (1973-1986), SEG nunca obtuvo beneficios de la italiana Eternit SpA. En cambio, mediante aumentos de capital y préstamos de accionistas, SEG facilitó que la italiana Eternit SpA invirtiera 75 mil millones de liras (el equivalente a unos 300 millones de francos suizos) en mejoras para la seguridad laboral, entre otros. Esto resultó en una drástica reducción en la exposición al polvo y en el número de casos de la enfermedad.
Las inversiones también hicieron posible cumplir con el estándar de seguridad reconocido internacionalmente, el cual era apoyado en ese entonces por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Debido a las significativas inversiones en seguridad laboral, la firma italiana Eternit SpA quedó rezagada frente a otras empresas procesadoras de asbesto cuyos costos de producción eran más bajos por la ausencia de regulación que les obligara a cumplir con dichas normas de seguridad. Por lo tanto, Eternit SpA se declaró en quiebra en 1986.
La acusación de la Fiscalía de que Stephan Schmidheiny actuó estrictamente por codicia y que, a sabiendas y de manera intencional causó la muerte de empleados y residentes en los alrededores de las fábricas de Eternit, es una farsa y no tiene fundamento real.

 

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Elisabeth Meyerhans Sarasin, Directora de Comunicación de Stephan Schmidheiny,
correo electrónico: info@meyerhanspartner.ch

Prof. Astolfo Di Amato, Principal Abogado Defensor de Stephan Schmidheiny,
correo electrónico: astolfodiamato@diamato.eu

“Eternit bis”: Tribunal Constitucional reconoce las objeciones de la defensa (Julio 21, 2016)

Comunicado de prensa
21 de julio de 2016

 

“Eternit bis”: Tribunal Constitucional reconoce las objeciones de la defensa
El principio jurídico “ne bis in idem” es aplicable a la mayoría de las fatalidades descritas en los cargos

 

El 31 de mayo de 2016, el Tribunal Constitucional italiano, la Corte Costituzionale della Repubblica Italiana, llevó a cabo una audiencia pública en torno a la constitucionalidad de los cargos “Eternit bis”. Hoy, 21 de julio de 2016, el tribunal publicó su sentencia, dictaminando que son relevantes las cuestiones de derecho que le expusiera el tribunal pertinente de Turín en cuanto a la interpretación del principio “ne bis in ídem”. Así, el Tribunal Constitucional declaró que en el primer juicio de Eternit ya se emitió un fallo en cuanto a 186 de las 258 fatalidades expuestas en los cargos, por tanto, un nuevo proceso judicial en torno a estos casos violaría el principio jurídico de “ne bis in idem”, el cual garantiza que ninguna persona sea juzgada dos veces por el mismo asunto. Vale la pena notar que en el primer juicio de Eternit en noviembre de 2014, la Corte Suprema italiana absolvió, con sobrada razón, a Stephan Schmidheiny. Con este nuevo fallo, el Tribunal Constitucional ordena al Tribunal de Turín que detenga los procesamientos judiciales relativos a las 186 fatalidades sobre las cuales ya se emitió un veredicto. Aún es posible que un tribunal examine los cargos en torno a las restantes 72 fatalidades. Ahora el equipo de defensa de Stephan Schmidheiny demostrará una vez más al Tribunal de Turín que la acusación de que él causara en forma intencional las fatalidades en cuestión es una burla al sentido común, y que no se debería permitir un segundo juicio en su contra.

El procesamiento judicial preliminar para examinar los cargos “Eternit bis” se llevó a cabo en Turín entre mayo y julio de 2015. En el caso “Eternit bis”, la Oficina del Fiscal de Turín acusa a Stephan Schmidheiny de causar intencionalmente la muerte de 258 personas, y los cargos que presenta repiten las mismas circunstancias y la misma conducta que se examinaron en el primer juicio Eternit, incluso copiando palabra por palabra partes del contenido. Por otro lado, de las 258 fatalidades que son objeto del nuevo proceso, 186 ya fueron incluidas en el primer juicio, del cual Stephan Schmidheiny también fue absuelto, con sobrada razón, por la Corte Suprema de Italia en noviembre de 2014.

El equipo de defensa de Stephan Schmidheiny argumentó en la audiencia preliminar que los cargos “Eternit bis” son inadmisibles; un segundo juicio constituiría una grave violación del principio “ne bis in idem”, el principio que prohíbe un segundo enjuiciamiento por el mismo delito después de haber sido absuelto (double jeopardy en inglés).

En su sentencia del 24 de julio de 2015, la jueza presidente en Turín decidió que el planteamiento de la defensa de Stephan Schmidheiny de que se trataba de una causa ya juzgada debía presentarse al Tribunal Constitucional, para que éste decidiera cómo aplicar el principio “ne bis in idem” en Italia. La defensa opina que no solo la Constitución italiana es relevante en este sentido, sino también el Convenio Europeo de Derechos Humanos, así como el derecho europeo, ya que, específicamente, en Europa el principio “ne bis in idem” se entiende que apunta a los mismos hechos históricos, pero en Italia, se aplica a los mismos hechos judiciales. Esta cuestión de derecho se presentó al Tribunal Constitucional en Roma el 31 de mayo de 2016.

En el fallo que el Tribunal Constitucional ha publicado recientemente, éste interpreta el principio “ne bis in idem” de forma tal que se prohibe presentar un nuevo cargo en aquellos casos legales sobre los que ya se ha dictado sentencia, pero los casos restantes sí pueden presentarse ante un tribunal. En consecuencia, el Tribunal de Turín ahora debe detener el proceso judicial preliminar relativo a las 186 fatalidades que formaron parte del juicio anterior, y debe decidir si llevará adelante un juicio completo por los cargos respecto a las 72 fatalidades sobre las que no se ha dictado sentencia.

La defensa opina que los procesos judiciales relativos a estas 72 fatalidades también deberían prohibirse en función del principio de cosa juzgada. En el primer juicio Eternit, tanto el juez como el fiscal público describieron a Stephan Schmidheiny como exterminador, asesino en serie y terrorista, y las más de 3 mil víctimas fatales en el caso en su contra fueron presentadas como muestra de la veracidad de tales acusaciones. Es evidente que en el primer juicio de Eternit, el tribunal consideró a Stephan Schmidheiny como responsable de todas las fatalidades vinculadas a los sistemas de producción de Eternit en Italia y que pretendía condenarlo en base a ello. No obstante, la Corte Suprema de Italia lo absolvió de todos estos absurdos cargos; sería un abuso de la ley reabrir ahora el mismo caso a través de un nuevo procesamiento judicial, y es por ello que la defensa sostiene que estos procesos judiciales representan una violación del principio “ne bis in idem”.

La defensa presentará pruebas sustanciales de que Stephan Schmidheiny es inocente. La acusación del Fiscal Público de que Stephan Schmidheiny actuó motivado puramente por la codicia de lucrar y que causó la muerte de empleados y residentes del entorno de las fábricas de Eternit a sabiendas y en forma intencional, es por lo tanto una burla al sentido común y no tiene ninguna base en la realidad. Si se llegara a entablar un segundo juicio completo, la defensa probará que Stephan Schmidheiny debe quedar libre de toda culpa y castigo.

Hechos sobre la empresa italiana Eternit SpA

Stephan Schmidheiny es reconocido internacionalmente como un pionero al abordar los riesgos del procesamiento de amianto. Durante su liderazgo del Grupo Suizo Eternit (SEG), este último realizó inversiones de gran envergadura en seguridad laboral y en la mejora de las instalaciones de producción con miras a proteger la salud y la seguridad de sus empleados. Es un hecho —que no se puso en duda en el primer juicio— que durante el “período suizo” (1973-1986), SEG nunca obtuvo ningún beneficio de la compañía italiana Eternit SpA. En cambio, a través de aumentos de capital y préstamos de accionistas, SEG dio la oportunidad a la italiana Eternit SpA para que hiciera inversiones gigantescas de 75 mil millones de liras, equivalente actualmente a cerca de 300 millones de francos suizos, en mejoras a la seguridad laboral, entre otras cosas, lo cual redujo en forma drástica tanto la exposición al polvo, así como los casos de la enfermedad.

Estas inversiones también hicieron posible que se cumpliera con el estándar internacional de uso seguro que se aplicaba en la Unión Europea en aquel tiempo y que también contaba con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Debido a las importantes inversiones en seguridad, la firma italiana Eternit SpA quedó rezagada frente a otras empresas procesadoras de amianto (cuyos costos de producción eran más bajos gracias a la ausencia de regulación que les obligara a cumplir con dichas normas de seguridad), y por tanto entró en liquidación en 1986. Italia no aplicó regulaciones al procesamiento de asbesto hasta 1991, y lo prohibió al año siguiente.

 

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Elisabeth Meyerhans Sarasin, Directora de Comunicaciones de Stephan Schmidheiny, email: info@meyerhanspartner.ch
Prof. Astolfo Di Amato, Abogado Principal de Defensa de Stephan Schmidheiny, email: astolfodiamato@diamato.eu

Italian Constitutional Court examines “Eternit bis” charges (Mayo 31, 2016)

Tribunal constitucional italiano examina los cargos “Eternit bis”

El equipo de defensa de Stephan Schmidheiny solicita detener el proceso judicial.  El fallo se emitirá por escrito a su debido tiempo.

El 31 de mayo de 2016, el tribunal constitucional italiano, la Corte Costituzionale della Repubblica Italiana, escuchó los alegatos de las partes en el caso “Eternit bis”, y emitirá su decisión por escrito oportunamente. El equipo defensor de Stephan Schmidheiny sostuvo en la corte que los cargos “Eternit bis” violan el principio de “ne bis in idem” consagrado en el Convenio Europeo de Derechos Humanos y en la ley europea, y que por lo tanto no son admisibles. En el primer juicio de Eternit, Stephan Schmidheiny fue, por supuesto, absuelto por el Tribunal Supremo de Italia en noviembre de 2014.

El proceso judicial preliminar se llevó a cabo en Turín entre mayo y julio de 2015 con el fin de examinar los cargos “Eternit bis”. En el caso del mismo nombre, la Fiscalía Pública de Turín acusa a Stephan Schmidheiny de causar intencionalmente la muerte de 258 personas. Los cargos presentados por la Fiscalía repiten las mismas circunstancias y la misma conducta examinadas en el primer juicio Eternit, e inclusive el escrito es, en partes, copia textual. Aún más, de las 258 fatalidades que son objeto de los cargos “Eternit bis” la mayoría fue incluida en el primer juicio.

El equipo de defensa de Stephan Schmidheiny sostiene que los cargos “Eternit bis” son inadmisibles. Tal es así que el primer juicio de Eternit terminó con su absolución. Un segundo juicio en el mismo asunto constituiría una grave violación del principio “ne bis in idem” (también conocido como double jeopardy en inglés), que garantiza que ninguna persona sea sometida a juicio o castigada dos veces por el mismo asunto. En su sentencia del 24 de julio de 2015, el juez de la audiencia preliminar en Turín decidió que la cuestión de doble enjuiciamiento planteada por la defensa de Stephan Schmidheiny debía presentarse ante el Tribunal Constitucional.

Este último tenía que dictaminar cómo el principio “ne bis in idem” debería aplicarse en Italia.  De acuerdo con la defensa, no solo la Constitución italiana es relevante en este sentido, sino también tanto el Convenio Europeo de Derechos Humanos como el derecho europeo. En forma específica, en el ámbito europeo el principio “ne bis in idem” se entiende que apunta a los mismos hechos históricos. En Italia, por el contrario, se refiere a los mismos hechos judiciales.

“Eternit bis” también contraviene la legislación europea

La defensa cree que el derecho europeo, en concreto, es pertinente al caso “Eternit bis”.  A través de la Convención que implementa el acuerdo de Schengen (CISA), por ejemplo, los Estados miembros de la Unión Europea han creado un espacio común de seguridad y justicia, que también cuenta con normas vinculantes para los sistemas judiciales.  El Artículo 54 de la CISA establece claramente medidas de seguridad para que una persona no pueda ser procesada o castigada más de una vez por la misma causa. De acuerdo con la defensa, esto significa que el artículo 50 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea también es aplicable, el cual prohíbe en forma expresa los procesamientos múltiples.

La defensa espera que el Tribunal Constitucional dictamine el nuevo proceso de Stephan Schmidheiny como una violación del principio “ne bis in idem”, y que ordene al Tribunal de Turín detener los procedimientos en su contra.

Hechos sobre la empresa italiana Eternit SpA

Stephan Schmidheiny es reconocido internacionalmente como un pionero al abordar los riesgos del procesamiento de amianto.  Durante su liderazgo del Grupo Suizo Eternit (SEG), este último realizó inversiones de gran envergadura en seguridad laboral y en la mejora de las instalaciones de producción con miras a proteger la salud y la seguridad de sus empleados. Es un hecho –que no se puso en duda en el primer juicio— que durante el “período suizo” (1973-1986), SEG nunca obtuvo ningún beneficio de la compañía italiana Eternit SpA.  En cambio, a través de aumentos de capital y préstamos de accionistas, SEG dio la oportunidad a la italiana Eternit SpA para que hiciera inversiones gigantescas de 75 billones de liras, equivalentes a cerca de CHF 300 millones hoy, en mejoras a la seguridad laboral, entre otras cosas, lo cual dio como resultado una reducción drástica de la exposición al polvo y de la cantidad de casos de la enfermedad.

Estas inversiones también hicieron posible que se cumpliera con el internacionalmente reconocido estándar de uso seguro que se aplicaba en la Unión Europea en aquel tiempo y que también contaba con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud OMS y la organización internacional del trabajo OIT. Debido a las importantes inversiones en seguridad, la firma italiana Eternit SpA quedó rezagada frente a otras empresas procesadoras de amianto (cuyos costos de producción eran más bajos gracias a la ausencia de regulación que les obligara a cumplir con dichas normas de seguridad), y por tanto entró en liquidación en 1986.

La acusación del Fiscal Público de que Stephan Schmidheiny actuó motivado puramente por la codicia de lucrar, y de que causó la muerte de empleados y residentes del entorno de las fábricas de Eternit a sabiendas y en forma intencional, es por lo tanto una burla al sentido común y no tiene ninguna base en la realidad.

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Elisabeth Meyerhans Sarasin, Directora de comunicaciones de Stephan Schmidheiny,

email: info@meyerhanspartner.ch

Prof. Astolfo Di Amato, Abogado principal de defensa de Stephan Schmidheiny,

email: astolfodiamato@diamato.eu

El juicio del amianto en Turín: Cómo las presiones políticas llevan a condenas injustas. Por Martin Killias.

El texto que se comparte seguidamente fue elaborado por Martin Killias, profesor visitante permanente de la cátedra de legislación criminal, proceso criminal y criminología de la Facultad de Derecho de la University of St Gallen; es profesor honorario de la University of Lausanne y profesor emérito de la University of Zurich. Fue juez entre 1984 y 2008 de la Corte Suprema Federal de Suiza.

El capítulo “El juicio de amianto en Turín: Cómo las presiones políticas llevan a condenas injustas” forma parte del ensayo “International Trends and Developments: Perspectives on Wrongful Convictions from Europe“. In A.D. Redlich, J.R. Acker, R.J. Norris & C.L. Bonventre, Examining Wrongful Convictions: Stepping Back, Moving Forward, Durham N.C.: Carolina Academic Press 2014, 321-336).

LEA AQUÍ EL TEXTO COMPLETO

Stephan Schmidheiny: pionero en la lucha contra el asbesto

“Cuando miro hacia atrás y tomo en cuenta el conocimiento que tenemos hoy de las muchas víctimas trágicas del asbesto, me siento orgulloso de las medidas tomadas por las compañías del Grupo para proteger a los trabajadores contra los riesgos del asbesto y me consuela haberme mantenido firme en la decisión de teminar con la utilización de ese material, a pesar de la incertidumbre y de la resistencia de la industria y dentro de nuestro propio Grupo. Tal como sabemos actualmente, las enfermedades causadas por el asbesto se manifiestan recién transcurridos muchos años –incluso décadas después- de haber estado expuesto a las fibras. Esta es una situación profundamente deplorable, considerando que ni los gobiernos ni otros miembros de la industria reconocieron las implicancias del problema, ni tomaron durante mucho tiempo las medidas de protección necesarias.”
Stephan Schimidheiny. Mi Visión – Mi Trayectoria”. VIVA Trust. Enero 2006.

En 1976, siendo un joven de 29 años de edad, Stephan Schmidheiny asumió la dirección del Grupo Eternit Suizo (SEG, por sus siglas en inglés). SEG era el grupo económico de la familia dedicado, desde principios del siglo XX, a la fabricación de materiales para la industria de la construcción, a partir de asbesto-cemento.

Se debe resaltar que SEG era un holding; es decir, una entidad dueña de acciones en diversas empresas que, a su vez, eran las que producían los materiales de asbesto-cemento. En total, SEG participaba como accionista minoritario en 19 de 20 empresas ubicadas en igual número de países en todo el mundo. La única empresa en la que tuvo participación mayoritaria fue Eternit Italia, y únicamente entre los años 1973 y 1986, cuando debió declararse en bancarrota y cerró.

El cierre de las plantas fue debido a la imposibilidad de afrontar las adecuaciones necesarias para operar libres de asbesto sin perder su productividad. Cuando Schmidheiny decidió no volver atrás en su decisión de reemplazar el asbesto en todos sus productos, uno de los costos que asumió fue la quiebra en 1986 del holding Eternit SpA Italia. Decretada la quiebra, el síndico designado por la Justicia pasó a controlar la empresa desvinculando completamente a Eternit Suiza de su administración. Fue así como se decidió vender dos de las empresas del holding Eternit SpA —Eternit Reggio Emilia y Eternit Siciliana— a la competencia. Los nuevos propietarios se mantuvieron en el negocio, dado que el uso del asbesto no estaba aún prohibido en Italia. La fábrica en Bagnoli de Eternit Napoli fue descontaminada y cerrada por el administrador del proceso de quiebra.

A pocos meses de asumir el cargo, Stephan Schmidheiny organizó una conferencia en Neuss (Alemania) y convocó a los gerentes de todas las industrias fabricantes de asbesto-cemento del grupo

En la conferencia se informó a los participantes acerca del estado en que se encontraban los avances científicos en relación con los riesgos asociados al uso del asbesto y las medidas de prevención adecuadas y se les solicitó que pusieran en práctica estrictas medidas de seguridad. Para ese entonces ya se conjeturaba que el asbesto podía causar varias enfermedades, siendo la más grave el mesotelioma, un cáncer que suele manifestarse en el organismo varias décadas después de que el paciente haya estado expuesto a polvo de asbesto.

En ese momento la opinión que predominaba en el ámbito científico y en los organismos internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), era que los riesgos asociados al asbesto podían reducirse a niveles aceptables con la implementación de una serie de medidas preventivas.

Incluso la OIT, siete años después de que Stephan Schmidheiny convocara a esa conferencia, emitió un repertorio detallado de recomendaciones de medidas de seguridad, titulado “Seguridad en la utilización del asbesto”, aprobado en 1983 y publicado por primera vez en 1984. La última edición de este repertorio fue publicada en 1990.

Además de la OIT, en aquel tiempo también la Organización Mundial de la Salud (OMS) aceptaba que el asbesto podía usarse con seguridad si se adoptaban medidas adecuadas; incluso un connotado crítico del asbesto de la época, el Profesor Irving Selikoff, apoyaba el “uso seguro” y consideraba que era innecesario que se le prohibiera. Pero no fue sino hasta la década de 1990 que finalmente se pudo entender que el mesotelioma es, muy probablemente, causado por la exposición a fibras de asbesto tan infinitamente pequeñas que no podían ser detectadas con microscopios tradicionales, sino sólo con microscopios electrónicos especiales que no se desarrollaron hasta fines de la década de 1980.

Este avance de la ciencia y otros factores llevaron a que a partir de 1992, varios países industrializados y la Comunidad Europea concluyeran que los riesgos de contraer mesotelioma sólo podían evitarse abandonando totalmente el uso del asbesto en la producción industrial.

En el contexto de aquel momento, en 1976, la iniciativa de Stephan Schmidheiny de sensibilizar a los gerentes de las industrias Eternit sobre los riesgos del asbesto era ciertamente visionaria y valiente. Cabe recordar de nuevo que ni él, ni SEG, como accionista minoritario, tenían la autoridad para imponer u ordenar un curso específico de acción a los presentes en aquella reunión.

La actitud que predominaba entonces entre los industriales del asbesto era la de restarle importancia a los riesgos asociados a este mineral, o negarlos. Muchos de los gerentes presentes en la reunión de Neuss habían trabajado durante décadas para el Grupo Suizo Eternit, pero nunca antes habían sido expuestos a este tipo de mensajes. Para ellos, el contraste con el discurso anterior de negación debió ser impactante.

Teniendo en cuenta este contexto, debió ser poco entendible para ellos que Stephan Schmidheiny hubiera planteando la introducción de un conjunto de costosas medidas de higiene de última generación, diseñadas para reducir considerablemente las concentraciones de fibras de asbesto en el lugar de trabajo y promover la salud y seguridad de los trabajadores; máxime que proponía que se hiciera unilateralmente, es decir, sin que ninguna otra empresa o competidor en la industria estuviera anuente a hacerlo. Al aumentar el costo de producción por la introducción de las medidas de seguridad, estaba provocando que las empresas del Grupo Eternit no pudieran competir. Antepuso la salud y la seguridad de los trabajadores al afán de lucro.

Schmidheiny estaba convencido, en ese momento, de que con esas medidas se podrían reducir los peligros para la salud, llevándolos a niveles aceptables, posición que, como vimos, no adoptó oficialmente la OIT sino siete años después y que mantenía incluso en 1990.

Gracias a los descubrimientos y avances científicos logrados desde entonces, ahora sabemos que la única opción segura hubiera sido abandonar totalmente el uso de asbesto. No obstante, la opinión de Schmidheiny, de que era posible evitar riesgos para la salud adoptando medidas adecuadas era, en aquel momento, compartida por autoridades gubernamentales, expertos médicos, la Unión Europea y la misma OIT, el principal organismo dedicado a establecer normas internacionales en la materia.

También entraban en juego enormes conflictos de intereses. En aquel entonces, no se contaba con un sustituto eficiente para el asbesto empleado en la producción de cemento reforzado por fibras. De hecho, Schmidheiny fue uno de los pioneros en el desarrollo de productos alternativos que más tarde permitieron ir abandonando el asbesto.

Sin embargo, hasta principios de la década de 1980, los productos de asbesto-cemento eran universalmente considerados indispensables en la industria de la construcción. El asbesto-cemento era resistente a las llamas y no se corroía, por lo tanto, las industrias, los legisladores, los gobiernos y las autoridades sanitarias no mostraban mucho interés en suspender su producción.

Incluso en la localidad italiana de Casale Monferrato, donde estaba ubicada una de las plantas de Eternit, el alcalde envió por aquel entonces (1985) una carta personal a Schmidheiny, ante la inminente suspensión de la producción en esa fábrica, en la que se mostraba más preocupado por los efectos que tendría el cierre de la fábrica en el mercado laboral local que por los riesgos para la salud y la contaminación.

No fue sino hasta en 1999 que se emitió la directiva que prohibió la producción de asbesto en la Unión Europea, pero con efecto jurídico efectivo a partir de 2004.

Pero Schmidheiny no solo fue el pionero en reforzar las medidas de seguridad para proteger la salud de los trabajadores; también logró poner en marcha un programa de innovación que se llamó “Nueva Tecnología”, para desarrollar una alternativa al asbesto. Los esfuerzos finalmente dieron resultado cuando ingenieros de la planta de Ricalit, en Costa Rica, encontraron que el asbesto podía ser reemplazado usando pulpa de papel. En 1981, Stephan Schmidheiny públicamente anunció su retirada del procesamiento de asbesto y ya en 1984, la mayoría de los productos de Eternit eran fabricados sin ese mineral.

Stephan Schmidheiny estaba, por lo tanto, muy por delante de sus competidores y de la mayoría de las regulaciones gubernamentales.

De hecho, aún hoy en día, en casi dos tercios de los países del mundo, el procesamiento de asbesto sigue siendo permitido. En una Conferencia de la OIT de 2013, fracasó un intento por prohibir el uso del asbesto a nivel mundial por la oposición de varios gobiernos, entre ellos, los de Rusia y la India.

Desde que asumió la dirección de SEG en 1976, Schmidheiny se dedicó a mejorar las medidas de seguridad para proteger a lo trabajadores y promovió el desarrollo de un sustituto para el asbesto. Dado que no tenía control sobre las empresas en las que participaba como accionista minoritario, se dedicó a convencerlas de que abandonasen el uso de asbesto. En algunas lo logró; en otras no.

A finales de los años 1980, Stephan Schmidheiny vendió todas sus acciones del Grupo Eternit Suiza y se atrevió a emprender un nuevo rumbo empresarial.

Con un patrimonio considerablemente disminuido por haber impulsado significativas inversiones en seguridad, Schmidheiny se diversificó en industrias como la relojería, los instrumentos ópticos de precisión, la fabricación de sistemas de tubería con base en plástico y la industria forestal, entre otras.

En estas nuevas actividades recompuso su patrimonio y, guiado por los mismos valores y principios que le hicieran ser el pionero mundial en contra del uso del asbesto, desarrolló también de manera vanguardista e innovadora, una exitosa carrera como emprendedor social y filántropo.

Un juicio donde se fabricó el culpable que necesitan los fiscales en lugar de buscar la verdad que necesitan las víctimas

“(…) el autor fue llamado a actuar en calidad de perito por la parte demandada en un caso de gran notoriedad en Italia que sirve para iluminar algunos factores de riesgo que han recibido menos atención en la bibliografía reciente. Presiones políticas fuertes y campañas mediáticas intensas, orquestadas muchas veces por fiscales, pueden llevar a graves distorsiones de los hechos en la administración de justicia. (…), las consecuencias perjudiciales de un clima politizado dentro de y en torno al juzgado ya están suficientemente claras como para permitirnos analizar esos factores independientemente del resultado final del juicio.”
Martin Killias, Facultad de Derecho, Universidad de San Gallen.

Stephan Schmidheiny heredó la empresa Eternit Suiza a los 29 años de edad y desde ese momento, en el año 1976, se convirtió en el líder mundial de la eliminación del asbesto en los procesos industriales.

Sin embargo, pese a todo lo realizado, inclusive anticipándose a las medidas tomadas por los estados muchos años después, la justicia de Turín, en Italia, le abrió un proceso judicial por “incumplimiento intencional de medidas de seguridad” en el grupo italiano Eternit entre 1952 y 2008, que “causaron intencionalmente un desastre” que dura hasta nuestros días, motivos por los cuales fue condenado a 18 años de prisión y al pago de una indemnización millonaria a más de 6000 actores civiles.

Las numerosas y graves irregularidades identificadas en el proceso, llevaron la causa al Tribunal de Casación de Roma, que en noviembre de 2014 emitirá su fallo para definir si Stephan Schmidheiny tuvo resguardados sus derechos a legítima defensa y a un juicio imparcial.

Lo que puede explicar el proceso judicial a la industria del asbesto es poder hacer justicia con las víctimas de este mineral. Lo que no explica el expediente judicial es por qué se convierte a Stephan Schmidheiny, ligado durante 13 años a esa actividad y desligado desde hace 25 años, en el único ícono de esa industria centenaria, cuando en la actualidad, más de 2/3 de los países no han prohibido el asbesto y los magnates pasados y actuales de esta industria mantienen su anonimato.

Puede explicarse que jueces y fiscales investiguen para que los daños sociales y ambientales producidos por industrias contaminantes sean reparados. Lo que no explica este caso es cómo pudo avanzar un juicio que fabrica el culpable que necesitan los fiscales en lugar de buscar la verdad que merecen las víctimas.

El Caso

“Si los fiscales ya no están comprometidos con la búsqueda de la verdad sino que ven su rol como la consecución de ciertos objetivos políticos y si las presiones políticas y mediáticas impiden que los tribunales dicten fallos justos, el proceso penal puede ser fácilmente distorsionado por conclusiones falsas respecto a los hechos pertinentes del caso”. (…) “El caso Schmidheiny en Turín es un ejemplo emblemático de cómo se pueden dar condenas injustas en un país básicamente democrático y con un sistema de justicia penal independiente”.

Martin Killias, profesor de la Facultad de Derecho, Universidad de San Gallen

La Acusación

La acusación afirmó que Stephan Schmidheiny, junto con Louis de Cartier un director del grupo belga de Eternit, eran las únicas personas responsables de la empresa italiana Eternit SpA y, como tales, culpables de unas 3000 víctimas del asbesto.

Según la acusación, Stephan Schmidheiny había incumplido intencionalmente las medidas de seguridad en el grupo italiano Eternit entre 1952 y 2008 y había ocasionado  intencionalmente un desastre que, habiendo empezado 1952, llega hasta nuestros días. Por esta acusación, Schmidheiny fue condenado por el Tribunal de Apelación de Turín a 18 años de prisión y al pago de una indemnización millonaria a más de seis mil partes civiles.

La Condena

El 13 de febrero de 2012 el Tribunal penal de primera instancia de Turín aceptó en su fallo gran parte de las demandas de la fiscalía y declaró culpables a Stephan Schmidheiny y a su coacusado.

El Tribunal condenó a cada uno a 16 años de prisión y al pago de una indemnización de 80 millones de euros por incumplir intencionalmente las medidas de seguridad (Art. 437 de la ley penal italiana) y por causar intencionalmente un desastre (Art. 434 ley penal) en dos de las cuatro plantas de producción de la empresa italiana Eternit SpA.

La Apelación

Exactamente un año después de la sentencia de primera instancia, el 14 de febrero de 2013, comenzó ante el Tribunal de Apelación de Turín el procedimiento de segunda instancia.

A finales de mayo de 2013 falleció el coacusado Louis de Cartier y se canceló el juicio en su contra. Dieciséis semanas después de haberse iniciado el proceso de apelación, el 3 de junio de 2013, el Tribunal de Apelación de Turín hizo un pronunciamiento oral con el que elevó a 18 años de prisión la condena impuesta a Stephan Schmidheiny y ordenó el pago de una indemnización provisional de unos 90 millones de euros a más de 900 actores civiles.

Situación actual

El caso ha sido llevado al tribunal más alto de Italia, la Corte de Casación de Roma. Se espera un fallo para el mes de noviembre de 2014.

Los vicios del proceso/ La realidad de los hechos

“Un hombre adinerado como Stephan Schmidheiny, un ciudadano de un país rico (Suiza) que vive en el exterior, con una trayectoria enormemente exitosa en varios sectores industriales y con importantes compromisos filantrópicos y ambientalistas, se ajusta perfectamente al perfil del chivo expiatorio ideal. Al atribuirle toda la culpa a una sola persona, ya no entran en juego los papeles que pudieron tener ministros, organismos públicos a cargo del establecimiento de normas de seguridad en la industria e incluso sindicatos y primeros alcaldes (que muchas veces se preocupan más por proteger los puestos de trabajo que la salud de los trabajadores)”.

Martin Killias, Facultad de Derecho, Universidad de San Gallen.

A

La acusación basó sus denuncias en que Stephan Schmidheiny fue el “director efectivo” o “empleador de facto” de la firma italiana Eternit SpA, una sociedad de capital abierto con múltiples accionistas. En los cerca de 80 años de trayectoria de esta empresa italiana, el Grupo Suizo Eternit fue su mayor accionista individual únicamente durante los últimos años, entre 1973 y 1986, el conocido como “periodo suizo”.

Los estudios hechos sobre los puestos de trabajo comprobaron que el 97% de las exposiciones al asbesto tuvieron lugar antes de 1975, según las medidas de los llamados “fiber years”, que es el indicador “años de fibra” adoptado como unidad de medida estadística de la dosis de fibra inhalada. La dosis es el factor determinante del riesgo de contraer una enfermedad causada por el amianto, lo que significa que los empleados respiraron la mayor parte del polvo de amianto, con un riesgo del 99%, antes de 1975.

Stephan Schmidheiny asumió la responsabilidad del Grupo Suizo Eternit en 1976. Sin embargo, estos estudios no fueron tenidos en cuenta por el tribunal que, para atribuirle culpabilidad al acusado, se basó en estudios epidemiológicos generales del período comprendido entre 1952 y 2008.

B

La empresa italiana Eternit SpA, fundada en 1906, era una sociedad con numerosos accionistas.

De los cerca de 80 años de historia de esta empresa italiana, el Grupo Suizo Eternit, fue su mayor accionista individual únicamente durante los últimos años, entre 1973 y 1986, el conocido como “periodo suizo”.

Con base en estudios de los puestos de trabajo se comprobó que, medidas en los llamados “fiber years” (“años de fibra” = unidad de medida estadística de dosis de fibra inhalada), el 97% de las exposiciones tuvieron lugar antes de 1975.

La dosis es determinante para el riesgo de contraer una enfermedad causada por el amianto, lo que significa que los empleados respiraron la mayor parte del polvo de amianto, con un riesgo del 99%, antes de 1975.

Stephan Schmidheiny no asumió la responsabilidad del Grupo Suizo Eternit sino hasta 1976. Pero estos estudios no fueron tenidos en cuenta por el tribunal, el cual prefirió demostrar la culpabilidad del acusado basándose en estudios epidemiológicos generales entre 1952 y 2008.

C. El Período Suizo

El Grupo Suizo Eternit, fue el mayor accionista individual de la empresa italiana Eternit SpA (que operaba desde 1906), únicamente entre los años 1973 a 1986. Esa época se conoce como “el período suizo”. En 1976, a la edad de 29 años, Stephan Schmidheiny asumió la dirección del Grupo Suizo Eternit. Bajo su mandato se realizaron en la empresa italiana Eternit SpA cuantiosas inversiones para la seguridad de los puestos de trabajo y para mejorar las plantas de producción; eso se hizo para proteger la salud y reforzar la seguridad de los empleados, un hecho documentado detalladamente por la defensa, que no fue refutado.

Debido a las grandes inversiones en seguridad y desarrollo de productos alternativos, unos 70 millones de francos suizos de aquella época (77,9 millones de dólares), la producción de Eternit SpA dejó de ser económicamente competitiva. La empresa fue sometida al régimen de administración controlada y quebró en 1986. Estas inversiones en las fábricas italianas redujeron  drásticamente la exposición al polvo causante de las enfermedades relacionadas con el asbesto, cuando las autoridades italianas todavía no habían promulgado ningún tipo de normativa o ley sobre la manipulación del asbesto.

Italia solo introdujo en su normatividad de 1991 la directiva que reglamentó la concentración máxima de fibra de amianto permitida en explotaciones industriales promulgada por la Unión Europea en 1983, ocho años después de haber sido aprobada. El Estado italiano solo prohibió el procesamiento de asbesto a partir de 1992, es decir, seis años después de que las fábricas italianas de Eternit habían sido cerradas. La directiva de la Unión Europea.

Peritos de la defensa demostraron ante el tribunal que la exposición al amianto y las enfermedades se redujeron drásticamente durante el “periodo suizo”. Un estudio epidemiológico pertinente, demostró que las enfermedades asociadas con el asbesto (asbestosis, cáncer pulmonar y mesotelioma) fueron notablemente inferiores durante el “periodo suizo” que en periodos anteriores.

Durante el periodo relevante para la acusación 1976 a 1986, se estimó que diecisiete empleados enfermaron a causa del asbesto y no las mencionadas 3000 presuntas víctimas, aunque tampoco en esos 17 casos fue posible discernir cuándo ni dónde se produjo la contaminación con asbesto, dado que a la defensa se le negó el acceso a los informes médicos, que no formaron parte de la aceptación de pruebas.

Además, es importante saber que desde el periodo de la latencia hasta la manifestación clínica del mesotelioma pueden transcurrir entre 30 y 50 años y que en los lugares donde operó Eternit SpA también se procesaba asbesto en muchas otras empresas. Simultáneamente con la operación de Eternit, otras fábricas importantes producían también con el asbesto como materia prima, como: Tubigomma, Franger Frigor, Cerrutti, Cementeria Marchino, Filandia Maniseta y Unicem.

En contra de lo que se afirma, durante los cerca de 10 años en los que el Grupo Suizo Eternit fue el mayor accionista individual de la italiana Eternit SpA, ese Grupo no incumplió intencionalmente las normativas de seguridad ni causó, intencionalmente o de ninguna otra forma, un desastre ambiental y de salud de sus colaboradores. Todo lo contrario, posibilitó cuantiosas inversiones para eliminar la exposición al polvo de asbesto. En consecuencia, el riesgo para la salud al que estaban expuestos los empleados del grupo italiano Eternit era mucho menor que el que se corría en las empresas de la competencia y en los cerca de 70 años anteriores de la propia Eternit. Con ello, lejos de exponer a las personas al asbesto, se salvaron vidas humanas.

El Grupo Suizo Eternit adoptó precauciones por su propia iniciativa y muchos años antes de que las autoridades italianas aplicaran regulaciones a la producción con asbesto, medidas que recién fueron tomadas en 1991, cuando se aprobó un reglamento relativo a la manipulación de ese mineral.

D. Manipulación del amianto

La acusación afirmó que el desastre medioambiental en torno a las fábricas de Eternit se originó por 10 motivos diferentes, detallados adelante.

La defensa demostró que esos potenciales focos de contaminación con asbesto se redujeron considerablemente durante el “periodo suizo”.

  1. Sacos de amianto permeables. Durante decenios, el amianto utilizado como materia prima se guardaba en Italia en sacos de yute. Sin embargo, durante el periodo suizo sólo se permitió el uso de sacos herméticos de plástico.
  2. Transporte suelto del amianto como materia prima y como producto manufacturado. Durante el “periodo suizo” y siguiendo las instrucciones sobre seguridad, la materia prima de las fábricas se transportaba y se almacenaba en recipientes cerrados.
  3. Sistemas de ventilación permeables. Durante el “periodo suizo” se reforzó la seguridad de los sistemas de ventilación, con lo que se redujo considerablemente la exposición al polvo de asbesto dentro y fuera de las fábricas.
  4. Ropa de trabajo contaminada. Durante años los trabajadores debían lavar y reparar su ropa de trabajo. Durante el “periodo suizo” las fábricas proporcionaban la ropa de trabajo a los trabajadores y se hacían cargo del lavado y del cuidado.
  5. Vertido inapropiado de los residuos. Durante el “periodo suizo” se introdujo un proceso especialmente diseñado y ejecutado para la eliminación correcta de los residuos del asbesto.
  6. Transporte incorrecto de los residuos. Durante el “periodo suizo” los residuos se transportaban en recipientes cerrados.
  7. Vertidos de residuos al descubierto. Solo tras la intervención de la propia Eternit, el municipio de Casale Monferrato asignó a la fábrica un terreno donde se hacía la disposición final segura de los residuos. El vertedero fue gestionado por una empresa especializada y no por la empresa Eternit.
  8. Vertido ilegal de residuos en ríos. Durante el “periodo suizo” las aguas residuales eran depuradas en el terreno de la fábrica antes de fluir hacerlas fluir hacia la canalización pública. Anteriormente, esas aguas llegaban sin filtrar a las aguas colindantes.
  9. Cierres de fábricas sin haber descontaminado el terreno de amianto. Tras la quiebra de la sociedad en 1986, el síndico oficial, funcionario nombrado por el juzgado que llevó el caso de la quiebra, fue el responsable de descontaminar los terrenos de residuos peligrosos. Tuvo a su disposición todos los recursos necesarios y se comprobó que se hicieron los trabajos correspondientes.
  10. Utilización inapropiada del “polverino”. Desde el comienzo del “periodo suizo” se prohibió el uso privado de los residuos de asbesto. Antes era frecuente que los empleados utilizaran residuos de asbesto como material de construcción en el ámbito privado.

Durante los cerca de 10 años del “periodo suizo” se realizaron considerables acciones para suprimir el impacto ambiental de los residuos de asbesto. La situación dentro y en torno a las antiguas fábricas de Eternit con las numerosas y lamentables víctimas, es el legado histórico de la industria italiana del asbesto-cemento.

Durante el “periodo suizo” la empresa operó con medidas de seguridad más estrictas que las requeridas por las normas vigentes en Italia, protegió la salud de sus trabajadores y, por tanto, no se puede responsabilizar a Stephan Schmidheiny por un desastre que comprometió al mismo gobierno y a otras empresas que no operaron con medidas de seguridad apropiadas.

En síntesis

a. La acusación italiana se basó en que Stephan Schmidheiny fue “director efectivo” o “empleador de facto” cuando nunca ejerció funciones operativas en Eternit Italia.

b. Se aplicaron retroactivamente leyes que no estaban en vigencia cuando Schmidheiny fue accionista de Eternit Italia.

c. El juicio abarcó un período de tiempo (1952-2008) que excedió en decenios el vínculo de Stephan Schmidheiny con Eternit Italia (1976-1986), como accionista.

d. El juicio no tuvo en cuenta la inversión hecha en las plantas italianas de Eternit para mejorar las condiciones de seguridad durante el período suizo.

e. A la defensa no se le dio el acceso a los informes médicos en los que se basó la acusación ni se le permitió aportar estudios sobre el período suizo.

f. Se condenó solo a Eternit cuando, por ejemplo, en Casale Monferrato, ciudad donde Eternit poseía una fábrica, otras seis empresas producían con asbesto.

g. No fueron consideradas todas las acciones de preservación del medio ambiente implementadas durante el período suizo.

h. El presidente del Tribunal de Apelaciones de Turín violó el derecho a un juicio justo cuando demonizó públicamente a Schmidheiny al compararlo con el nazismo.

La Campaña Difamatoria

“Varios actores juegan un papel protagónico en esta operación reduccionista. [En el caso Schmidheiny] Los medios de comunicación italianos también jugaron un papel perjudicial al nunca darle espacio a la defensa para que diera su versión de los hechos. Al el contrario, demonizaron al acusado durante años, al acoger la versión que lo comparó directamente con Hitler. También tuvo un rol protagónico el fiscal principal, quien buscando proyectarse como héroe nacional, durante años hizo campaña junto con (…) otros lobbies, al participar en innumerables manifestaciones en toda Italia y, más recientemente, incluso en el exterior. Ese perfil se consideraría totalmente inapropiado en otros países del continente, por ejemplo en los países escandinavos y en Alemania, donde los jueces (e incluso los fiscales) deben mantener cierta distancia crítica y expresar sus opiniones de manera imparcial”.

Martin Killias, Facultad de Derecho, Universidad de San Gallen.

Los hechos señalados demuestran que en el proceso judicial, Stephan Schmidheiny y su coacusado el fallecido barón Louis de Cartier⎯ sufrieron una auténtica persecución emprendida por algunos medios de comunicación italianos y por los fiscales de Turín.

En una campaña difamatoria sin precedentes llevada a cabo durante años, la fiscalía, representantes de los sindicatos y algunos medios de comunicación locales redujeron la responsabilidad de la tragedia del asbesto a las figuras de Stephan Schmidheiny y de Louis de Cartier. Además, consideraron demostrada y a priori, la culpabilidad desde un principio, en parte, incluso años antes de que comenzara el proceso e, increíblemente, exculpando a otras empresas de la zona y al mismo gobierno que tardó más de ocho años en establecer lo que ya era norma en Europa.

En esta “tarea mediática” participó activamente la fiscalía, actuación que, al menos en Europa, es absolutamente irregular.

Stephan Schmidheiny fue calificado en distintos medios de comunicación de “asesino” y fue comparado con Hitler sin que nadie se haya retractado, o haya sido sancionado como correspondía. Se llegó a tales extremos que el juez que presidió el Tribunal de Apelación, durante la apertura del procedimiento, equiparó a Stephan Schmidheiny con Hitler, al comparar una reunión de gerentes de Eternit convocada por Schmidheiny para implementar medidas de protección de los empleados con la conferencia de Wannsee relacionada con el exterminio nazi de los judíos.

Demonizar de esta manera a un acusado constituye una violación del derecho a un juicio justo, tal y como lo reconoce el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal Federal Suizo.

La Oferta Humanitaria

Desde 2001, cuando decidió retirarse de la vida empresarial, Stephan Schmidheiny comisionó a la empresa Becon AG para que atendiera los asuntos relacionados con el asbesto.

En 2007, Becon AG difundió una iniciativa para antiguos empleados de la italiana Eternit SpA, motivada por razones humanitarias; con ella indemnizó a trabajadores o a familiares de trabajadores que contrajeron una enfermedad causada por la exposición al asbesto en las fábricas de la italiana Eternit durante el “periodo suizo”, entre 1973 y 1986. En 2009 amplió la iniciativa con indemnizaciones para vecinos afectados de la zona. Más de 1500 personas de Italia aceptaron la oferta humanitaria. La cuantía de las indemnizaciones pagadas se calculó de acuerdo con las referencias internacionales para las indemnizaciones por daños a la integridad, entre otros, en uso por parte de  la SUVA, que es la Caja Nacional Suiza de Seguros de Accidentes.

Los pagos totales hasta 2014 llegan a los cincuenta millones de francos suizos (56 millones de dólares). Adicionalmente, se ofrecieron veintidós millones de francos suizos (casi 25 millones de dólares) a la ciudad de Casale Monferrato; aceptados inicialmente por las autoridades locales, luego fueron rechazados en el contexto del proceso.

Hasta 2014, Becon AG había aportado seis millones de francos suizos, cerca de 7 millones de dólares, para el apoyo in situ a la investigación aplicada asociada con el mesotelioma.

Las ofertas hechas por Becon AG no implican el reconocimiento de responsabilidad civil ni de culpa por parte del Grupo Suizo Eternit ni de su director con respecto a las enfermedades causadas por el asbesto; tienen su origen en un sentimiento de solidaridad con las víctimas y en los ideales filantrópicos de Stephan Schmidheiny. Este gesto no fue considerado precisamente como hecho atenuante, sino como agravante.  La oferta de Becon AG sigue vigente.

Stephan Schmidheiny, pionero y líder mundial en la eliminación del uso del asbesto

La realidad es que Stephan Schmidheiny fue uno de los primeros industriales en el mundo en reconocer los riesgos para la salud humana, derivados del procesamiento del asbesto. En 1976 y a sus 29 años, poco después de asumir el cargo de director del Grupo Suizo Eternit, emprendió un programa para el desarrollo de productos libres de asbesto.

En aquella época, en la industria se aplicaba un estándar de seguridad para el procesamiento, llamado “Safe use”. En la mayoría de los países industrializados las leyes de entonces determinaban los límites admisibles de la concentración del asbesto en el ambiente (concentración máxima en el puesto de trabajo). El “Safe use” también contaba con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unión Europea.

En 1981, anticipándose a toda normativa y políticas de Estado, Stephan Schmidheiny anunció su decisión de que Eternit dejara de fabricar con asbesto y en 1984 gran parte de la producción de Eternit reemplazó ese componente por otro basado en pulpa de papel. Así, Stephan Schmidheiny se adelantó ventajosamente a la competencia y a la mayoría de las normativas gubernamentales.

Está demostrado que la exposición al amianto y la cantidad de enfermedades, se redujeron drásticamente durante este período, al compararlo con el de años anteriores.

A pesar de que, entre tanto, los avances en la investigación confirmaron el peligro del asbesto para la salud humana, lamentablemente todavía se procesa asbesto en dos tercios de los países del mundo. Suiza prohibió el procesamiento de amianto en 1990; Italia, solo en 1992.

Corte Suprema de Italia anula juicio contra Stephan Schmidheiny

  • El más alto tribunal italiano, la Corte Suprema di Cassazione, anuló la sentencia contra Stephan Schmidheiny dictada por el Tribunal de Apelación turinés de junio de 2013 sin reapertura de la causa.
  • Procurador General de Italia denunció que el proceso no tenía sustento legal
.
  • El máximo tribunal ajustó a derecho un juicio plagado de vicios.

Noviembre de 2014. Con su decisión de anular el juicio en contra de Stephan Schmidheiny, la Corte Suprema de Italia corrigió una de las graves irregularidades del proceso: juzgarlo por hechos que estaban prescriptos, más allá de las otras arbitrariedades que impidieron demostrar su inocencia.

El Procurador General de ese país, Francesco Iacoviello, aseguró que el proceso no tenía sustento legal y solicitó la anulación del juicio sin reapertura de la causa.
La defensa siempre sostuvo que en el proceso se violó gravemente el derecho a tener un juicio justo y equitativo, en virtud del artículo 6 del Convenio Europeo de los Derechos Humanos (CEDH), así como al principio de «no hay pena sin ley» según el artículo 7 del CEDH.

Con la anulación del juicio se evita condenar a Stephan Schmidheiny, pionero en la lucha contra el uso del asbesto en el mundo. En reconocimiento a su rol protagónico en esta tarea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) lo nombró en su momento Comisionado Industrial y la ONU lo designó Co-Presidente de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro entre 1989 y 1992.

Pionero en la lucha contra del asbesto

Stephan Schmidheiny es reconocido internacionalmente como un pionero que, años antes de que los países prohibieran el asbesto, ya exigía la aplicación de métodos más seguros para su procesamiento e investigó e introdujo productos alternativos. Su responsable actuación como industrial ha salvado a miles de personas de contraer una enfermedad consecuencia del amianto.
A pesar de la oposición de la industria, ya en 1976, poco después de asumir el cargo de jefe del Grupo Suizo Eternit (SEG) y a la edad de 29 años, lanzó un programa para el desarrollo de productos libres de asbesto. Al mismo tiempo estuvo insistiendo para que los directores locales responsables de las fábricas de Eternit implementaran medidas para la protección de la salud y la seguridad de sus trabajadores.

En 1981 Stephan Schmidheiny anunció la detención del procesamiento de asbesto, y ya en 1984 la mayoría de los productos de Eternit se producían sin ese mineral. Con todo esto Stephan Schmidheiny se había adelantado a la competencia y a la mayoría de las disposiciones estatales.

El desconocido trasfondo de una sentencia absolutoria

Por Martin Killias.

El juicio de Schmidheiny en Italia resulta muy difícil de comprender. Después de haber sido condenado a 16 años de prisión en la primera instancia y a 18 en la segunda, hace tres semanas Schmidheiny recibió inesperadamente una sentencia absolutoria “por prescripción del delito”. Esto es tan erróneo como la extendida opinión de que la segunda instancia confirmó rotundamente la primera y únicamente aumentó la pena. En realidad, la segunda instancia alteró completamente la primera. Al igual que ahora en Roma, se trató de una singularidad del código penal italiano (CPI), es decir, de cómo interpretar las circunstancias agravantes. Las disposiciones pertinentes corresponden en gran medida con el séptimo título del código penal suizo (CPS), prácticamente contemporáneo. En ambos códigos se trata de delitos de riesgo como provocar incendios, hundimientos de edificios o “cualquier otra” desgracia. En la mayoría de dichas disposiciones se conmina una pena más alta en los casos en los que haya daños personales, mientras que en Suiza se prevé una pena menor si las consecuencias son leves. En la primera instancia, este segundo párrafo no fue considerado circunstancia agravante, sino “delito autónomo”, con la consecuencia de que el plazo de prescripción se iniciaba a partir de la fecha de la desgracia, es decir, no antes de que haya fallecido la última víctima del amianto. Teniendo en cuenta la larga latencia de las enfermedades ocasionadas por el amianto, esto podría ocurrir a mediados de este siglo. Como consecuencia, la primera instancia condenó a Schmidheiny por vulnerar las prescripciones sobre seguridad en los puestos de trabajo (art. 437 CPI) y por ocasionar una catástrofe medioambiental (art. 434 CPI). El Tribunal de Apelación, exponiendo sus motivos de manera ejemplar, desestimó dichos argumentos, dado que en el caso de vulneración de prescripciones sobre seguridad, el cuestionado segundo párrafo constituía una circunstancia agravante y, por consiguiente, el plazo de prescripción se iniciaba a partir de la fecha en la que cesaba el comportamiento peligroso, es decir, a más tardar con el cierre de las fábricas en 1986. Como consecuencia, este delito ha prescrito. Sorprendentemente, el Tribunal de Apelación no dedujo la misma consecuencia con respecto al art. 434 CPI (provocar una catástrofe medioambiental), sino que consideró en este caso que el plazo se iniciaba una vez finalizada la catástrofe medioambiental. Los plazos de prescripción de cincuenta años o más son tan extravagantes como que el segundo párrafo, que expresa lo mismo en ambos casos, sea considerado circunstancia agravante (y por tanto prescrita) para una de las disposiciones y, por el contrario, delito autónomo y, en consecuencia, no prescrito para la otra (la catástrofe medioambiental). Aunque todavía no se ha presentado una motivación escrita, se desprende de las notificaciones de Roma que precisamente por dicha contradicción el Tribunal de Casación ha anulado la sentencia del Tribunal de Apelación.

Con esta motivación, el Tribunal Supremo ha podido evitar tener que analizar otros numerosos errores cometidos en la sentencia apelada. Por ejemplo, cabe mencionar que Schmidheiny fue acusado por todo lo ocurrido desde 1952, fecha en que tenía cinco años; que la acusación fue modificada repetidamente e incluso bajo la implicación activa del tribunal, algo absolutamente inadmisible en un Estado de derecho; o que la defensa no tuvo acceso a los expedientes sobre los casos de enfermedad y muerte. Asimismo, el Tribunal de Casación no ha tenido que pronunciarse sobre la extravagante afirmación de que Schmidheiny, mediante una campaña mediática para restar importancia a los riesgos, fue el causante de que Italia haya sido uno de los últimos países europeos en prohibir el procesamiento de amianto. Tampoco ha tenido que examinar la ilimitada extensión de las responsabilidades de una empresa a un único accionista, y mucho menos ocuparse de las desconcertantes comparaciones del presidente del Tribunal de Apelación, quien equiparó al acusado con Hitler. Con su decisión, el Tribunal de Casación ha librado a Italia de una presumible y denigrante derrota en Estrasburgo.

El hecho de que el fiscal general y el Tribunal de Casación de Roma desaprueben de este modo ambas instancias supone un contundente revés para Turín. En lugar de rectificar, en Turín ahora se intenta acusar a Schmidheiny por homicidio doloso, al considerar que ha matado deliberada e intencionadamente a cientos de personas. Con ello se acusa una vez más la supuesta actuación incorrecta de Schmidheiny, es decir, que no cesó inmediatamente el procesamiento de amianto nada más asumir el cargo a la edad de 28 años. Reiniciar un juicio perdido está en contra de los derechos humanos, aunque esto no parece preocuparle a nadie. El primer ministro Renzi, que participa intensamente en las campañas de odio e instigación contra el acusado, quiere ahora incluso que el Estado, es decir el Gobierno, participe en el nuevo proceso como víctima y, por tanto, parte civil. El mismo Estado, nota bene, que jamás se ocupó de los peligros del amianto. ¡Hasta qué punto se pueden pervertir los derechos de las víctimas en un juicio penal! El Gobierno como parte de un juicio penal supondría también el final de la independencia judicial. Tampoco se cuestiona en Italia que la justicia, que dilata durante años procesos urgentes como los relativos a la custodia de los hijos, y que en los sondeos públicos obtiene las peores valoraciones de toda Europa, no escatime en recursos gigantescos para afrontar un juicio que no ayuda a nadie, y mucho menos a las víctimas del amianto. Ha sido el fondo de indemnización de Schmidheiny el que hasta ahora ha concedido ayuda concreta a 1500 damnificados. Muchos han rechazado su oferta porque querían “Giustizia” y, si no cambian las cosas, se arriesgan a salir con las manos vacías.

Martin Killias es catedrático invitado permanente de la Universidad de San Gallen. Participó como asesor del equipo de defensa de Stephan Schmidheiny. En el presente escrito se expresa en nombre propio.

12 de diciembre 2014

Cargos “Eternit bis” violan los derechos humanos (Mayo 12, 2015)

Comunicado de prensa – 12 de MAYO 2015

Nuevas acusaciones absurdas contra Stephan Schmidheiny

Hoy, martes 12 de mayo de 2015, será el inicio de la audiencia preliminar en Turín del proceso de “Eternit bis”. A pesar de que la Corte Suprema de Italia, la Corte Suprema di Cassazione, absolvió a Stephan Schmidheiny en el caso Eternit el 19 de noviembre de 2014, la Oficina del Fiscal de Turín lo está acusando ahora del asesinato intencional de 258 personas. Esta acusación es absurda, dado que el Grupo Eternit Suiza (SEG) más bien creó las condiciones para que la Italian Eternit SpA hiciera grandes inversiones en la mejora de la seguridad en el lugar de trabajo, por lo que nunca obtuvo ninguna ganancia financiera de su posición como accionista durante el período en cuestión. Además, el volver a montar un juicio tras una primera sentencia absolutoria es una violación de derechos humanos: el principio de ne bis in idem consagrado en el Convenio Europeo de Derechos Humanos garantiza que ninguna persona podrá ser juzgada nuevamente ni castigada dos veces por el mismo asunto. La defensa espera que los jueces responsables resuelvan que los cargos son ilícitos a nivel de la audiencia preliminar que se está poniendo en marcha y que desestimen el caso. Opina la defensa que los nuevos cargos demuestran que Stephan Schmidheiny es objeto de una caza de brujas in Piedmont en la que se manifiesta un deseo de juicios mediáticos que responden a motivaciones políticas. A pesar de los nuevos cargos, Stephan Schmidheiny seguirá manteniendo el programa humanitario creado en el 2008 para las víctimas de la catástrofe de amianto.

De acuerdo a los nuevos cargos, Stephan Schmidheiny, como la “persona realmente responsable” de la Italian Eternit SpA entre 1976 y 1986, a sabiendas e intencionalmente causó la muerte de 68 antiguos empleados de la Italian Eternit SpA y 190 antiguos residentes de las zonas que rodean las fábricas de Eternit. En opinión del Fiscal Público, Stephan Schmidheiny era plenamente consciente de los peligros de procesar el amianto. Sin embargo, impulsado por pura codicia de ganancias, siguió operando las fábricas, no impidió la reutilización privada de los residuos de cemento de asbesto, y no tomó ninguna medida efectiva para mejorar la situación. La defensa de Stephan Schmidheiny ha comprobado ya que las acusaciones de la Fiscalía General en el primer juicio eran infundadas. Stephan Schmidheiny, con su rectitud y escrupulosidad dentro de la industria, fue pionero en poner fin al procesamiento de amianto, y salvó así a miles de personas de contraer alguna enfermedad relacionada con el amianto.

Es un hecho – cosa que no se refutó en el primer juicio – que durante el “período suizo” (1973-1986), el Grupo Eternit Suiza (SEG) nunca cobró ganancia alguna de la Italian Eternit SpA. En cambio, se realizaron inversiones sustanciales. Mediante ampliaciones de capital y préstamos, la SEG permitió que la Italian Eternit SpA realizara inversiones enormes de 75 mil millones de liras – suma equivalente a aproximadamente US $325 millones actuales – para mejorar la seguridad en el lugar de trabajo, entre otras cosas. Esto también permitió el cumplimiento con las normas de seguridad reconocidas a nivel internacional, sobrepasando por mucho los requisitos estipulados por la ley. Esto resultó en una reducción drástica de la exposición al polvo y del número de casos de enfermedad. Sin embargo, debido a las inversiones importantes en la seguridad, la Italian Eternit SpA quedó rezagada con respecto a otras elaboradoras de amianto que no cumplían con dichas normas de seguridad y por ende podían producir a menor costo, y se vio obligada a declarar bancarrota en 1986. Es por esto que, es absurda la acusación, de que Stephan Schmidheiny actuara por puro afán de lucro y que a sabiendas e intencionalmente haya causado la muerte de empleados y residentes.

Alrededor del mundo, Stephan Schmidheiny es considerado como pionero en afrontar los riesgos del procesamiento de amianto. Ya en el 1976 – poco después de tomar las riendas como jefe de la Swiss Eternit Group SEG a los 28 años de edad – Schmidheiny lanzó un programa para desarrollar productos libres de amianto, ello frente a la oposición de la industria. Al mismo tiempo, él instaba a los gerentes a cargo localmente de las fábricas Eternit a que éstos implementaran medidas para proteger la salud y seguridad de los empleados. En 1981 Stephan Schmidheiny anunció la eliminación progresiva del procesamiento de amianto, y ya en 1984 la mayor parte de los productos Eternit se elaboraban sin amianto. De modo que Stephan Schmidheiny estaba muy por delante de la competencia así como de la mayoría de los reglamentos gubernamentales. Hasta la fecha, queda prohibido el procesamiento de amianto en tan solo un tercio de todos los países del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unas 125 millones de personas alrededor del mundo siguen exponiéndose al amianto en sus lugares de trabajo. El amianto es un problema social, para el cual la industria, la comunidad internacional y la sociedad comparten la responsabilidad.

Es un hecho que en Italia se permitía el procesamiento de amianto durante el período en cuestión, y que el gobierno italiano no se ocupó de regular la industria. En ese momento las autoridades italianas no habían emitido reglamento alguno que tratara del amianto, y dicho gobierno no prohibiría el procesamiento de amianto hasta 1992.

Con los cargos del caso “Eternit bis”, el Fiscal Público de Turin ha pisoteado el principio que prohíbe un segundo enjuiciamiento por el mismo delito después de haber sido absuelto (“ne bis in idem”, y double jeopardy en inglés), no una sino dos veces. En primer lugar, sus acusaciones contra Stephan Schmidheiny giran en torno a la misma conducta que se le imputó en el primer juicio de Eternit. En segundo lugar, alrededor del 70% de las víctimas enumeradas también se atendieron en el primer juicio de Eternit.

Italia es el único país que pretende afrontar la catástrofe de amianto tramitando procesos penales en contra de individuos. En la mayoría de los demás países industrializados donde está en vigor alguna prohibición contra el amianto, el estado y la industria han encontrado soluciones comunes para atenuar la tragedia social.

Basándose en sus creencias empresariales y filantrópicas, Stephan Schmidheiny ha atendido a las víctimas reales de la catástrofe de amianto en Italia durante años. Desde el 2008, él ofrece indemnización a las personas afectadas por alguna enfermedad relacionada con el amianto. En aras de proveer ayuda sencilla y poco burocrática a los perjudicados, se hace disponible dicha oferta a través de la página web www.offerta-eternit.it. Hasta la fecha, más de 1.700 personas han aceptado la oferta, y se han pagado más de US $55 millones en concepto de indemnizaciones. Stephan Schmidheiny mantendrá este programa en beneficio de las víctimas reales de esta tragedia social hasta nuevo aviso.

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Elisabeth Meyerhans Sarasin, Directora de Comunicaciones de Stephan Schmidheiny, e-mail: info@meyerhanspartner.ch

Prof. Astolfo Di Amato, Abogado Principal de Defensa de Stephan Schmidheiny, e-mail: astolfodiamato@diamato.eu

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