Stephan Schmidheiny es un empresario de raíces suizas, líder a nivel mundial en las áreas de capital de riesgo e inversión social innovando las lógicas de la filantropía. Sus ideas visionarias han ayudado a promover la responsabilidad social empresaria y el triple resultado (triple bottom line) desde 1976. En ese momento, con 29 años de edad, asumió la conducción de la empresa familiar –Grupo Suizo Eternit (SEG por sus siglas en inglés)- la cual lideró hasta finales de los años 80 cuando inició su fase como inversor de riesgo en diferentes sectores. Encabezó la agenda de desarrollo sostenible global desde 1990, cuando fue lanzada a nivel mundial. Fue fundador de varias organizaciones filantrópicas globales, incluyendo el World Business Council for Sustainable Development (1995), FUNDES International (1984), Avina (1994) y MarViva (2002).

Unos meses después de tomar las riendas de Eternit a los 29 años, Schmidheiny reunió a los gerentes de la empresa para incentivarlos a implementar los procedimientos de “uso seguro del asbesto”. Estos procedimientos tenían como objetivo mitigar los riesgos de seguridad en la manipulación y transporte de asbestos. En consecuencia, SEG invirtió millones de dólares para hacer que las instalaciones industriales fueran seguras, desarrolló programas para cuidar el medio ambiente y, a comienzos de 1976, invirtió en investigación para encontrar un material que reemplazara al asbesto en la fabricación de placas de fibrocemento.

Bajo el liderazgo de Schmidheiny, hasta 1984 Eternit había eliminado el asbesto del proceso de fabricación de la mayoría de sus productos. De esta manera, Schmidheiny iba muy por delante da la industria que en ese momento todavía utilizaba el asbesto como un insumo generalizado. Cinco años más tarde salió completamente de la industria, más de una década antes de la prohibición del asbesto por la UE en 2005. Recién a partir del 2006, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) realizaron campañas globales para prohibir el procesamiento del asbesto. Hasta la fecha, el asbesto se encuentra prohibido en solo un tercio de los países del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 125 millones de personas en todo el mundo siguen expuestas al asbesto en sus lugares de trabajo.

La inversión requerida para la fabricación segura y el reemplazo de asbesto redujo la competitividad frente a la mayoría de los fabricantes que seguían produciendo asbesto a bajo costo. Estas pérdidas agotaron una gran porción de su patrimonio. Durante el trascurso de la década de 1980, Schmidheiny vendió todas las participaciones del Grupo Suizo Eternit. En 1989 inició un nuevo rumbo empresarial al convertirse en pionero en la inversión de capital de riesgo. Invirtió en industrias y empresas con una urgente necesidad de reinvención, tales como la relojería suiza, que en un momento enfrentaba impactantes amenazas de la tecnología japonesa. Así es como Schmidheiny logró reconstruir su patrimonio mediante la modernización de empresas e industrias que, según los estándares de inversión tradicionales, no tenían futuro.

Las acusaciones se relacionan al período 1976-1986. En 1976, el padre de Stephan Schmidheiny, Max Schmidheiny le delegó la dirección del Grupo Suizo Eternit (SEG) que entonces tenía 29 años. En ese momento, SEG tenía participaciones accionarias en empresas locales de Eternit en diferentes países, incluida la italiana Eternit SpA. Esta empresa fue fundada por un ingeniero italiano en 1907, casi 70 años antes de que Stephan Schmidheiny asumiera la dirección de SEG. En 1986, la italiana Eternit SpA quebró y sus plantas pasaron a otros dueños hasta que Italia prohibió el asbesto en 1992. Aunque Stephan nunca visitó las plantas de Eternit SpA que funcionaron décadas antes y años después de su relación como accionista, es acusado de ser responsable personalmente por los efectos nocivos causados por estas plantas.

El primer juicio de Eternit fue llevado a cabo en la corte italiana entre el 2009 y el 2014. El fiscal de Turín, Raffaele Guariniello, acusó a Stephan Schmidheiny de causar intencionalmente una catástrofe (artículo 435 del Código penal italiano) y de no cumplir con las medidas de seguridad exigidas (artículo 437 del Código penal italiano). La defensa sostuvo permanentemente que se violó el derecho de Schmidheiny a un juicio imparcial, según el artículo 6 del Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH), así como también el principio de “no hay pena sin ley”, según el artículo 7 del mismo convenio, ya que en los años en cuestión no había ley contra el asbesto en Italia y las plantas superaron las medidas de seguridad de la época.

El juicio finalizó en 2014 con la absolución de Stephan Schmidheiny por La Corte Suprema de Casación que observó que el plazo de prescripción de las acusaciones había expirado antes de que el juicio comenzara en el año 2009. La Corte Suprema Italiana concluyó que el proceso penal nunca debería haberse realizado así que no era apropiado deliberar sobre el caso.

A pesar del fallo absolutorio del primer juicio, a finales del 2014, Raffaele Guariniello realizó nuevas acusaciones contra Stephan Schmidheiny. Este juicio se conoce como “Eternit bis” o “Juicio Eternit 2.0” porque el fiscal presentó los mismos cargos del primer juicio, casi sin cambios, salvo la modificación del cargo penal a “homicidio doloso. Se trata claramente de una violación del principio de doble enjuiciamiento.

Sin embargo, los cargos fueron presentados en audiencias preliminares en Turín. En noviembre del 2016, el tribunal de Turín determinó que sólo la planta de Cavagnolo se encontraba bajo su jurisdicción y refirió así los casos de las plantas en Casale Monferrato, Napoli-Bagnoli y Rubiera a las fiscalías correspondientes, para que llevaran a cabo sus propias investigaciones.

Con relación a los casos en Cavagnolo, el tribunal decidió que la acusación de “homicidio doloso” era legalmente insostenible. La fiscalía de Turín apeló esta decisión ante la Corte Suprema italiana, que falló en diciembre de 2017 (y en mayo del 2018 cuando emitió el fallo por escrito) confirmando la decisión del tribunal inferior en las audiencias preliminares. La Corte Suprema declaró, explícitamente, que el argumento de intencionalidad era legalmente indefendible.

Hay cuatro procesos judiciales que se llevan actualmente adelante en las ciudades de Turín, Casale Monferrato, Nápoles y Rubiera. Las actualizaciones al respecto se encuentran en el apartado “Proceso judicial” de este sitio web.